
Sin más presentación, que Radar inicia actividades este viernes -o sea ya-, señoras y señores, esto es Mike Patton+Zu

La primera vez que escuché a Patton solo, fuera de sus proyectos más populares como Faith No More o Fantômas, recuerdo que de inmediato pensé: “¿cómo coños hace eso?”. Aún con el procesamiento electrónico necesario para hacer los portentos que hace con su voz, me parecía increíble que pudiera llevar tan al límite un instrumento como es la propia voz de esa manera. Uno podía encontrar todo tipo de registros en su trabajo, me pareció sorprendente que hiciera todo lo que hacía sólo con su garganta, es decir, que pudiera, por decirlo de una manera, ‘componer’ para voz de esa forma. Patton ha manejado su instrumento a tales niveles en toda su labor como vocalista que su música y sus interpretaciones son verdaderamente una invención novedosa, que a primera oída suele desconcertar por su complejidad.

Por el otro lado, Zu, con un conjunto de instrumentos tan nobles y humildes como son el bajo, el saxofón y la batería, han logrado expandir su campo de acción sonora a tal grado que su energía y brusquedad (sobre todo cuando uno los mira pensando en un conjunto de jazz) resultan verdaderamente notorias. Más que emotivo, como han sido los cierres de Radar de los últimos años (acuérdense de Music For Airports de Brian Eno en un Palacio de Bellas Artes a reventar cerrando Radar 5 o un soberbio Anthony Braxton el año pasado en el Teatro de la Ciudad), el de este año promete ser catártico, hosco, algo que muy probablemente va a pasar un tiempo antes de que vuelva a acontecer. Es una fórmula simple: un trío capaz de acelerar y violentar a sus instrumentos de maneras tan sutiles como descorteses, junto a un vocalista con un repertorio de gorjeos, gritos, gárgaras, arias, sonidos electrónicos y modulaciones de voz esquizofrénicas que darán, forzosamente, una presentación brutal y despiadada.
Pero antes…
Cierto, este año, Radar no incluye a la turba de japoneses (casi siempre iracundos) que suele traer (
Yamantaka Eye,
Atsuhiro Ito,
Otomo Yoshihide,
Taeji Sawai,
Ikue Mori, por decir algunos), sin embargo, abriendo este concierto en el Lunario, Radar trae a uno de los japs más importantes en la historia de la escena:

El trabajo del músico experimental japonés
Keiji Haino (Chiba, 1952) ha recorrido el rock, la improvisación, el noise, las percusiones, la psicodelia, el minimalismo y el drone en sus más de treinta años de carrera; de él se pueden decir infinidad de cosas, como que ha colaborado con las mentes más disímiles y reconocidas, desde
John Zorn,
Yamataka Eye,
Magical Power Mako, el difunto
Derek Bailey,
Bill Laswell,
John Duncan,
Peter Brotzman,
Fred Frith,
Jim O’Rourke hasta
Toru Takemitsu. Que cita como sus influencias a artistas como
Syd Barret,
Marlene Dietrich,
Iannis Xenakis,
Charlie Parker o
Blind Lemon Jefferson. Que desde hace mucho tiempo se ha dedicado a explorar los límites de la guitarra eléctrica y la voz, aunque suele implementar una multitud de instrumentos en su trabajo.
Pero toda esa información deja de ser útil cuando se tiene a Keiji encima del escenario.
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