Después del fin de semana de conciertos acá espectaculares y llenísimos de gente, vienen los de contemporánea que también se llenan pero en los que casi nadie tose. Así que este es el post serio:

Gérard Grisey
Como parte del homenaje que este año dedica Radar al compositor Gérard Grisey (1946-1998), el ensamble francés Le Court Circuit se encargará del segundo y tercer ciclo de la obra del compositor francés. El repertorio se centra en interpretaciones diametralmente opuestas, si las comparamos con el concierto de la noche anterior, Le Noir de L'Etoile en el espacio escultórico.

Ensemble Le Court Circuit
En los conciertos de los dos días siguientes al del Espacio Escultórico, en la Sala de Recepciones del Museo Nacional de Arte y la Sala Nezahualcóyotl, se presentan las obras Prologue, Anubis Nout, Charme, y sobre todo, la que quizá sea la pieza que más expectativa cause: Vortex Temporum y Tálea.
Sin más preámbulo he aquí algunos samples de lo que tocarán el 16 y 17 de marzo:
Vortex Temporum 1
Vortex Temporum 2
Vortex Temporum 3
Tálea
Prologue
Escuchar estas piezas en la intimidad de una sala de conciertos, en un plano más típico de un concierto de música contemporánea, permite una concentración mayor, más atenta, alejada de factores externos. La experiencia se remite simplemente al sonido. Sin embargo, estamos hablando de un repertorio significativo del compositor espectralista. Eso quiere decir que la idea de espacio, presente en buena parte de su obra, se intensifica en el programa. Por ejemplo, en Vortex Temporum, se suceden tiempos en los que los instrumentos son apenas audibles con otros en los que una nota se extiende para dar paso a varios sonidos que se apretujan. Como en el marco de una puerta, todos al mismo tiempo, se aceleran y repiten y generan espacios o "intersticios" sonoros en los que el espectador se inserta en ese flujo sonoro de manera tan sutil que es casi imperceptible.

Algo, por poner un ejemplo, totalmente distinto a lo que fue la presentación de Irvine Arditti interpretando los Freeman Études de John Cage en Radar 5. En aquel concierto, la hora y cuarenta minutos que duró la pieza (insoportable y eterna o increíblemente fluida y rápida, según el gusto de cada quien) estuvo plagada de contrastes violentos, partes en las que el violín se veía agredido con una fuerza desmesurada y otras en las que apenas podía escucharse el arco. La pieza de Cage representaba la posibilidad, para el intérprete y el escucha, de estar en medio de un tumulto de decisiones (azarosas o no, formales o no) que representaban una suerte de golem monumental, fragmentario, variable.
Pero la idea de espacio desarrollada en esta y otras obras espectralistas supone lo contrario: una escucha lenta, prolongada, más general, que se atiene al sonido en sus cualidades más intrínsecas. La presentación de estas obras es otro tipo de experiencia, más elaborado en los oídos del espectador. Para muestra, play a la ventana de abajo:
2 comentarios:
La ausencia de gente cuando vino el Ensamble intercontemporaneo fue una vergüenza para México.....
La obra de Mantovani, fue un orgullo para el mundo...
estaba buenísima, me madreó así de repente, la de mantovani
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